El pollo es uno de los ingredientes más populares de la gastronomía mundial y en México nos es la excepción. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) nos dice que su consumo se ha triplicado desde la década de los noventa, y se prevé que la demanda aumentará 20 por ciento hacia 2025.

De igual forma podemos hacer un análisis rápido a la dieta del mexicano y ver que el Mole, uno de los platillos más representativo de la Gastronomía Mexicana, posé una relación de coexistencia con el pollo (guajolote o gallina en sus versiones más antiguas), en el que interviene como ingrediente, pero también como un complemento del mismo platillo.

Sin embargo, el consumo del pollo no se limita a recetas tradicionales; por el contrario, sus cualidades gastronómicas y nutricionales ha impulsado su consumo en la gastronomía contemporánea con tendencias saludables; pero sobre todo (y una vez más de forma contradictoria) alcanzó un importante nivel de popularidad con la llamada Fast Food (comida rápida)

Continuando con las dicotomías y absurdos que presenta el consumo del pollo en México, podemos ejemplificar con un peculiar cuadro que ofrece la ciudad de Guanajuato: Ahí existen dos establecimientos que parecerían naturalmente contrarios, pero coexisten de forma pacífica:

De un lado tenemos al Kentucky Fried Chicken (KFC)

Uno de los referentes internacionales en el consumo de pollo, es una franquicia originaria de los Estados Unidos que cuenta con más de 18 000 restaurantes en 120 países.

Se dice que este monstruo de la comida rápida, e icono de la cultura pop, inicio inició por ahí de en 1939 con un restaurante de Kentucky, donde Harland D. Sanders (el famoso coronel Sanders) preparaba pollo frito con once especias. Para 1952 se abrió la primera franquicia de KFC en Salt Lake City, Utah y a partir de ahí el mundo fue suyo.

De otro lado tenemos a Pollos La Carreta, un restaurante que inició en 1968 y se dedica principalmente a la venta de pollos asados a la leña. Que son cocinado en una gran estufa de piedra, con sistema que hace girar a los pollos mientras brasa los van cocinado lentamente y en sus jugos.

Dicha técnica es conocida como “Espiedo”, esencial en un modelo de negocio muy popular en México conocido como Rosticerías, presente en México al menos de 1946, con un negocio llamado Pollos Rio.

Según datos del INEGI el consumo de pollo rostizado en México es uno de los más populares y representa el 26% del consumo total.

Así veremos cómo similitudes que ambos son establecimientos de comida rápida donde se venden pollo como su principal ingrediente. Por su lado pollos la Carreta tiene poco más de 50 años, mientras que KFC va por su primera década.

Y como contrapartes recordaremos que, con la apertura de franquicias tras-nacionales, los establecimientos locales de un mercado similar se ven obligados a cerrar sus puertas. Pues regularmente resulta imposible competir contra los precios y estrategias mercadológicas de la competencia.

Así veremos que en lo poco menos de 10 años del KFC en Guanajuato no pudo eliminar del mercado a Pollo la Carreta, que es su principal competidor y vecino de enfrente. Obligando así a los dos establecimientos a coexistir en peculiar cuadro en donde conviven lo local con lo global.

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